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miércoles, 16 de marzo de 2011

Alberto Granado

En un alto de la entrevista con Alberto Granado en su casa de La Habana

En un viaje realizado a La Habana hace algunos años, durante la etapa de investigación para la realización del documental, tuvimos el agrado de ser recibidos en su casa por Alberto Granado.

Fue una entrevista cálida, llena de recuerdos.

A Alberto le costaba hablar de si mismo sin mencionar a su entrañable amigo Ernesto

Transcribimos a continuación algunos pasajes de la entrevista:

Cuando era estudiante en Córdoba, gane un concurso de practicante menor de epidemiología bioquímica y pedí uno de los lugares mas difíciles.

Pedí lepra en San Francisco del Chañar, ahí no quería ir nadie, porque san francisco del chañar esta allí cerca de santiago del estero, y lepra es una enfermedad que no da muchos recursos, entonces me puse a trabajar allí.

Allí había un senador que era del departamento donde estaba el leprosario. Un tipo que era conservador y se pasó al peronismo. Entonces como se paso al peronismo quería ser más peronista que nadie, y la primera medida que tomo fue que todos los empleados del leprosario tenían que afiliarse al partido peronista.

Un día yo estaba jugando con los leprosos al fútbol, y veo venir a Loza que se llamaba el entrenador y el director, y por la cara que traía, no venia muy contento.

Me saluda y me dice, aquí jugando, queriéndote enfermar con los leprosos, y le digo no, si el fútbol no infecta a nadie.

El senador empezó a hablar de la política, de la importancia del dinero, entonces le dije “nadie se acuerda de la gente que muere pobre”. Me dice que el como senador no le quedaba mas remedio que obligarme a afiliarme al partido peronista.

Yo hasta ese día lo trataba con mucho respeto. El hombre era calvo y le dije: “decime pelado, ¿pero vos estas en pedo, no te das cuenta que esto esta en el culo del mundo?, no te das cuenta que el que hace el favor acá soy yo a Uds. y dije Sr. director, desde ya vaya recibiendo mi renuncia.

En realidad eso me ayudo a irme del leprosario, porque yo estaba muy metido con el leprosario. De allí me fui a trabajar al hospital español en Córdoba, allí había mucha gente antiperonista, venían unos pobres chacareros y les sacaban sangre solo para cobrarles los análisis, yo me sentía muy mal.

Allí, un día de Octubre aparece Ernesto. En aquel tiempo había una semana de vacaciones por el día de la lealtad, y en esos días dijimos bueno, salimos de viaje.

Eso fue en Octubre y salimos en Diciembre.

Hacia muchos años que hablábamos del viaje. Juntamos la guita que pudimos. La idea era conocer, conocer América latina y después ver que hacíamos.

El viaje era algo obsesionante para mí. Yo hubiese podido ser premio Nóbel o primer ministro pero nunca me hubiese sentido satisfecho si ese viaje no lo hubiese llevado a cabo. Yo tenía mi estrategia. Si algo me interesaba decía lo voy a hacer ahora antes del viaje, o decía yo me voy a casar después de que haga el viaje. Todo el mundo decía que lindo, yo voy con vos, pero al final, el que fue, fue el mejor, porque mejor compañero imposible

Alberto y Ernesto en la balsa Mambo Tango

Cuando salimos Ernesto y yo al viaje, yo tenia comprometido con la madre de Ernesto que yo iba a hacer todo lo posible para que él se graduara de medico, cuando el salio debía 13 asignaturas. El viaje fue maravilloso.

El fin del viaje junto fue en Venezuela. Allí apareció un amigo de un tío del Che que tenia un transporte de caballos de Buenos Aires, Caracas, Maracaibo, Miami.

Entonces imagínate, que oportunidad más grande que esa, en unas horas iba a estar en Buenos Aires. Salimos entonces a buscar una visa para que pudiera entrar a Miami.

En forma relampagueante obtuvo la visa y se fue a Miami, pero en Miami se rompió el avión, y Ernesto tuvo que pasarse un mes allá comiendo de lo que trabajaba, cuidando una casa, limpiando cristales, en fin y luego se volvió a Buenos Aires.

Yo me quede en Caracas. Tenia una carta una carta de recomendación para un medico que se llamaba Jacinto Convit.

Convit me hizo algunas preguntas, parece que le caí bien, le gusto que yo supiera algo, y me contrato por un año en un laboratorio que había en un leporosario, en el litoral, llamado Cabo Blanco.

Conseguí que me dieran también casa y comida además del sueldo. A mi me convenía quedarme allí hasta que Ernesto fuera a Buenos Aires, se graduara de medico y volviera para reunirnos.

No sabíamos bien que íbamos a hacer, íbamos a viajar por lo menos hasta México, o quedarnos en el leprosario, que aunque era muy viejo, había muy buenas condiciones.

Me entusiasmaba esto ya que otro de los sueños nuestros era obtener una vacuna contra la lepra, que hasta ese momento no se había obtenido, se obtuvo muchos años después y nunca fue muy efectiva.

Una vacuna contra la lepra era un objetivo lindo para un investigador.

La cosa siguió así. Nos carteábamos de vez en cuando y Ernesto alargaba su salida, entonces yo empecé a hacer mi trabajo, en una de esas hice un trabajo científico bastante bueno, y yo apurándolo a Ernesto. “Ernesto ven para acá, que hace falta que te vengas”. Entonces quedamos en eso, estábamos a la expectativa de reunirnos.

Ernesto Guevara, ya graduado de médico sale con Calica Ferrer rumbo a Caracas. En el viaje se va encontrando con distinta gente, se va entusiasmando con otras cosas y se va hacia Guatemala.

Para resumir, me manda un papelito con Calica donde dice: “Alberto, no me esperes mas, porque yo me voy a ir a Guatemala donde hay una revolución que me parece que es mas interesante que ir a ganar plata a Caracas”.

Entonces yo seguí, yo tenia mi trayectoria mucho mas definida que la de Ernesto.

En primer lugar yo tenia 29 años y el tenía 24. Mi aspiración, era ser un investigador, ser padre de familia y viajar. Yo tenía esas tres cositas para mí.

Entonces cuando recibo la noticia me da bronca, y empiezo a buscar una nueva beca para seguir el trabajo que yo había empezado a hacer en Caracas. Gano una beca y me voy para Italia, eso fue en el año 56. Estuve en Italia casi 6 meses, hice mucho turismo porque el profesor no era muy trabajador y además no tenía mucho más conocimiento que yo.

Cuando vuelvo recibo una carta de Ernesto que me dice que está en México, ya había sucedido la invasión de Guatemala por castillo de armas.

Me dice en la carta veni para acá, esto esta muy bueno.

Yo le decía: “¿que estas haciendo?” Y el me decía: “¿estoy de fotógrafo?”, y yo le volvía a escribir: “… pero que mierda estas haciendo de fotógrafo cuando acá hay 2000 leprosos esperando un tipo inteligente como vos para que los ayudes a mejorar su estándar de vida.” Teníamos esas discusiones por carta.

Pasa el tiempo y veo una noticia en el periódico: Medico argentino muerto al desembarcar en cuba. No decía el nombre pero yo empecé a averiguar, llame a la madre y me dice: yo se que esta vivo, porque le había llegado una carta donde estaba firmado como Tete que era el apodo de la infancia.

Mientras se desarrollaba la guerrilla yo estaba trabajando como profesor titular en la Universidad en Caracas.

Al triunfo de la revolución cubana, el era Ministro, era famoso, pero tenia que venir a verme porque me había dejado plantado, y me mando una carta que aún conservo.

Entonces viene a Caracas Fidel y yo dije: “En cuanto aparezca Ernesto lo veo”.

No aparece Ernesto entre la gente, y mis amigos me decían “estas seguro que hiciste el viaje en moto con el, porque es un poco raro que el tipo haya venido y no te haya visto”.

Esto fue en enero y en abril el che me manda una carta pidiendo disculpas y explicándome que se había enfermado, y entonces me di cuenta que a Ernesto no podía contarlo como Ernesto sino como al Che entonces dije, “ya que la montaña no viene a Mahoma, mahoma tiene que ir para allá”

Yo ya tenía los dos hijos más grandes y entonces decidí venir para ver como era esto en Cuba, como estaba la cosa.


Alberto Granado enmarco una carta enviada por el Che cuando ya este era Ministro en Cuba.


Fíjese, nos separamos el 26 de Julio del 52, el día que murió Eva Perón y nos juntamos el 23 de Julio del 60. Pasaron 8 años.

Resulta que llego aquí, me presento y me atiende como siempre, como amigos que somos, como amigos de toda la vida. Entonces le digo: “Me tenes que llevar a ver a Fidel” que en esos días iba a hablar en la Sierra Maestra. Me dice: “no, yo no puedo ir, me tengo que quedar, entonces le digo: “Bueno, entonces por lo menos me tenes que prestar un auto” y me responde, “bueno, te voy a prestar un auto por la excepcionalidad de la cosa, que no es mío, es de la comandancia, pero eso si, la gasolina la tenes que pagar vos”. Allí no corría eso de que venia el amiguito e iba a tener el auto.

Hicimos el viaje, fue una cosa maravillosa. En primer lugar todas las cosas que se habían hecho desde el triunfo de la revolución hasta Julio del 60, el fervor que había, la simpatía del pueblo y me fui enamorando…

Entonces Ernesto me dijo te voy a dar una cartica para el Comandante en jefe de las fuerzas armadas en oriente por cualquier problema que tengas. Llegue a Santiago de Cuba y conseguí una habitación para los dos niños. Ernesto me dio una carta que la escribió en un papelito, así no mas, nada oficial. Llego a un lugar donde encuentro a un tipo mezclando cal con arena, pantalón arremangado, lleno de cemento, me acerco y le digo: “estoy buscando al comandante Acosta”. Yo estaba buscando un comandante con uniforme con estrellas y el hombre me dice, “no busque mas el comandante soy yo”.

El tipo estaba a pico y pala para terminar porque al otro día venia el discurso de Fidel.

Al día siguiente escuche el discurso de Fidel, un discurso fantástico. Ya por la mitad del discurso le digo a Delia, mi mujer, “Delia prepárate, que el líder que yo creía que no existía es este tipo, y todo lo que ha dicho es lo que yo siempre he pensado, así que me voy a venir para acá.” Delia dijo que sí afortunadamente.

En aquel momento se estaban preparando los movimientos contrarrevolucionarios en Cuba y no era fácil. Nosotros en Caracas teníamos un Standard de vida de un profesor universitario. La cosa es que en ello Delia me dio un apoyo tremendo, porque si me decía lo contrario vaya a saber lo que hubiera podido pasar.

Tenía que volver a Caracas a terminar mi contrato, porque como argentino yo trabajaba por contrato. Porque yo además no he renunciado nunca a mi nacionalidad argentina, otra de las cosas que tengo, soy argentino. Si me tengo que morir por Cuba me muero, pero soy argentino, me muero siendo argentino.

Un retrato en casa de Alberto guarda la unica imagen
donde estan juntos Alberto, Fidel y el Che

En Caracas vendí todo lo que tenia, lo que no vendí lo regale. Traje mi automóvil, traje mi laboratorio pequeño. Eso lo mande por barco y nosotros vinimos por avión. El 23 de marzo del 61 yo ya estaba acá.

Yo empecé como profesor de bioquímica en La Habana. Yo tenia muchas ideas, la gente aquí también las tenia, sobre todo con el objetivo de darle a los médicos un mayor bagaje científico.

A los médicos les gusta mucho la cirugía y oír ruiditos, la parte práctica, pero eso le quita fuerza científica. Entonces organizamos aquí un centro de ciencias básicas para que estudiaran bioquímica, fisiología. Los muchachos me puteaban, este argentino…

Me dio una mano Fidel en un discurso. Entre tantas cosas dijo, “como no nos puede gustar la bioquímica”,… entonces si lo dice Fidel, parece que Granado tiene razón.

Pero había tanta gente que quería estudiar, y la única facultad que había era la de medicina de la habana. Enseguida la gente de las ciudades mas pequeñas, aunque eran revolucionarios decían: no en la universidad de la habana los estudiantes viven en concubinato, entonces los padres decían: “mi hijo puede ir allá, pero mi hija no, pa´que”.

La revolución muy inteligentemente dice, si los padres tienen miedo de que sus hijas vayan a la universidad en la habana, hagamos una universidad en la otra punta, entonces se fundo la universidad de medicina en oriente de la cual yo soy uno de los fundadores,

Llegamos a tener hasta 500 alumnos. Fue una cosa muy linda, una lucha contra la reacción, contra los revolucionarios equivocados, contra la gente que quería mantener el status.

Por ejemplo había llegado una lluvia en oriente y era necesario recoger el café y no había mano de obra, porque la mano de obra estaba cortando caña. Entonces se les pidió a los estudiantes que fueran a recoger café. Nadie quería ir, porque como estaban los exámenes pegados, lo que querían era examinar. Entonces el presidente de la JC tuvo que ir el. Estuvo más de un mes recogiendo café y perdió los exámenes.

Un día yo iba a la cátedra y lo veo venir a este muchacho con cara de pocos amigos y le digo pregunto que le pasa. Me dice, “no me dejan examinar porque dicen que falto a clases”. Entonces me voy donde estaba el vicerrector y le digo al hombre, “¿no se da cuenta que estamos viviendo una revolución?, este muchacho esta sacrificándose, a los que habría que aplazar es a todos los que no quisieron ir”.

Como esta se vivieron muchas situaciones maravillosas y que daban mayor fortaleza.

En otra ocasión el profesor de anatomía dice: Alberto, me tienes que ayudar. De una de mis mejores alumnas, el padre – que era un chino – se entero que los muertos están desnudos y dice que su hija no va a ir a ver hombres desnudos.

Entonces fui yo. No era lo mismo que vaya el profesor de anatomía que el Alberto Granado el amigo del Che y así fui los convenciendo…

Cuando conversamos con Alberto sobre la etapa de Bolivia se puso triste.

Nos contó que antes de partir hacia a Bolivia el Che se despidió diciéndole: “Te espero gitano sedentario cuando el olor a pólvora amaine”

Entrevista realizada por Claudia Rabanaque - Norberto Forgione

jueves, 8 de abril de 2010

Soldaditos en la guerrilla del Che en Bolivia














Algunos apuntes sobre la violencia

La manera en que la mayoría de los medios de comunicación tratan el tema de la pobreza y la indigencia contribuye a que se naturalicen estas situaciones como parte inevitable de la sociedad en la cual nos toca vivir.
"Pobres hubo y va a haber siempre" es una de las frases que sirven de resguardo para negar que la miseria es un producto social.

Los números fríos de las estadísticas según la ONU, dicen que hay actualmente más de 900 millones de personas desnutridas, decenas de miles de niños que mueren diariamente de hambre o enfermedades curables.

A lo largo de toda la historia hubo hombres que lejos de naturalizar la estructura opresiva de la sociedad en que les toco vivir, decidieron combatirla por diferentes caminos.

Aquellos que eligieron la lucha armada, no solo tuvieron que enfrentar la idea de la propia muerte, sino la idea de matar a otro en pos de construir un mundo mejor.

Muchos de los que condenan lo que fueron las luchas guerrilleras por su dosis de violencia, avalan y sostiene un modelo de sociedad que mata.

Antes de la instalación de las guerrillas en Bolivia allá por 1967, el gobierno del general René Barrientos, ya había puesto en marcha acciones de gobierno que finalizaron con masacres de la población civil.

Durante el transcurso de la investigación para el documental, he leído que en Bolivia distinguen la “masacre roja” de la “masacre blanca”.
La primera se refiere a las masacres perpetradas por los regímenes opresivos a través de sus fuerzas de represión, y el término de masacre blanca lo utilizan para describir a aquellos acontecimientos donde se contempla el despido masivo de trabajadores.

En su larga tradición de lucha, el pueblo boliviano ha logrado definir con el término masacre blanca, ese aspecto de la violencia social donde no hace falta disparar un arma de fuego para dejar un tendal de víctimas.

Matar y morir en la guerrilla

Anotaciones del diario del Che y un comunicado del Ejercito de Liberación, más un fragmento ficcional sobre esta etapa histórica nos introducen en el tema

Luego de un combate victorioso para la guerrilla, el Che escribe en su diario que la tropa derrotada estaba compuesta de " elementos de varios regimientos mezclados; hay rangers, paracaidistas y soldados de la zona, casi niños."

A partir de este combate se elabora el comunicado número dos de los guerrilleros donde se dirige a los soldaditos:
".. los jerarcas de Ejército boliviano están enviando soldados bisoños, casi niños, al matadero, mientras ellos inventan partes en La Paz y luego se dan golpes de pecho en funerales demagógicos ocultando el que son los verdaderos culpables de que la sangre corra en Bolivia.
Hacemos un llamado a los jóvenes reclutas para que sigan las siguientes instrucciones: al iniciarse el combate tiren el arma a un lado y llévense las manos a la cabeza permaneciendo quietos en el punto donde el fuego los sorprendiera; nunca avancen al frente de la columna en marchas de aproximación a zonas de combate; obliguen a los oficiales que los incitan a combatir a que ocupen esta posición de extremo peligro. Contra la vanguardia tiraremos siempre y a matar. Por mucho que nos duela ver correr la sangre de inocentes reclutas, es una imperiosa necesidad de la guerra.

Hay otro pasaje vinculado a este tema que vale la pena recordar.
El día 3 de Junio la guerrilla estuvo esperando por 4 horas el paso de un camión del ejército para poder emboscarlo.

El Che escribe en su diario que paso un camión del ejército ".. con dos soldaditos envueltos en una frazada en la cama del vehículo. No tuve coraje para tirarles y no me funcionó el cerebro lo suficientemente rápido como para detenerlo, lo dejamos pasar"

Un diálogo que pudo haber sucedido

En un pasaje del libro "Que el sueño era tan grande", el escritor Juan Ignacio Siles del Valle, reconstruye de forma novelada, un momento que pudo haber sucedido durante la guerrilla de Ñancahuazú.

En un capítulo de su libro lo hace hablar a Rolando, un cubano con experiencia militar y a Pedro, un muchacho boliviano que por primera vez participaba en un combate

"Me dijo Rolando que no me preocupe, que eso sucede siempre la primera vez, pero yo igual siento un no sé qué aquí adentro, como que todo esto es una mierda a pesar del éxito conseguido hoy en la mañana y en la tarde.
Que no me deje picar por el bichito de la duda, que después uno termina por acobardarse y olvidarse del motivo por el que estamos aquí y no quiere seguir luchando.
Que no me olvide que los guardias eran muchos más que nosotros, como cien .. Que a qué otra cosa creía yo que habíamos venido y que si acaso no estábamos arriesgando la vida por una causa justa ... siete muertos, más los tres de esta mañana. Algunos no son más que unos muchachitos. Me dio pena, qué le vaya hacer. Un par de ráfagas de mi M1 y uno de esos uniformes que vienen caminando por el río ya no se levanta más. Unos pobres soldados que no saben ni lo que están haciendo ahí. Los llevan como ganado nomás, no les preguntan nada, servicio obligatorio les dicen y los sacan, a hacerse hombres defendiendo la patria les mienten, a la primera fila para que caigan ellos primero. Aunque bueno, hoy también derribamos dos oficiales ...

Que los muertos no valen en sí, que no estamos matando individuos, sino que estamos echando abajo una estructura de opresión, construyendo un mundo nuevo. Además, los soldados también tienen su parte de responsabilidad, porque no se rebelan contra sus superiores y lamentablemente tenemos que derribados, porque todo cambio radical exige sacrificios y a la violencia debemos responder con la violencia. Que no debo olvidar que en la mañana nos mataron al Rubio, que no venían desarmados y que la guerra es la guerra. Que cómo espero que alcancemos el poder si no es a través de la lucha armada.

Si no hacemos la emboscada entonces lo' que morimos somos nosotros, chico. Pero qué tienen que ver los soldados si hijos del pueblo también son y no están por su propia voluntad, que vengan pues los oficiales, contra ésos tirara yo,

No es contra la persona, ¿comprendes?, que eso no sería más que resentimiento y venganza. Es contra el sistema y los guardias son parte del sistema.

Yo inicié el fuego, no sé de dónde salieron, venían hacia mí, tal vez no había opción, ..ni siquiera me puse a pensarlo, disparé nomás, paf paf, paf paf, y la inmensa alegría de haber achuntado, ¡ya está! Pero después ahí quedó el soldado gritando botado en el lecho del río, con el pecho destrozado. Un par de minutos y todos rendidos.

¿Que no me preocupe? Cómo no me vaya preocupar, si me acerco y es sólo un niño. ¡Mierda!, cómo pueden enviarlos así. Y al rato nomás se me muere con sus ojos como suplicándome. Que ya me acostumbraré, que esto ocurre siempre, .. que si no era él era yo y, la verdad, en ese caso, mejor que sea él nomás... Qué inquietud, pero así nomás tiene que ser la cosa. Toda la vida cargando con su alma en pena del soldado.

Por Norberto Forgione





jueves, 8 de octubre de 2009

De sus queridas presencias



Hay una imagen muy difundida. Un piletón de cemento sostiene el cuerpo del Che.

Esta con los ojos abiertos. Lo han asesinado horas antes en la humilde escuelita del, hasta ese momento, ignoto pueblo de Bolivia llamado La Higuera.

Le han tomado cientos de fotografías desde distintos ángulos.

Primeros planos de su rostro, rodeado por militares, con gente del pueblo acercándose a conocerlo, con agentes de la CIA posando ante su cuerpo convertido en trofeo de guerra.

Hay otras, muy pocas, que incluyen a dos guerrilleros tirados en el piso.

Son “Arturo” y “Antonio”, de ellos poco se sabe. No son el Che.

El nombre de “Arturo” es René Martínez Tamayo. Se había unido al ejército rebelde en Cuba, cuando tenía 17 años. En la guerrilla se desempeño como operador de radio en el grupo del centro.

“Antonio” es Orlando Pantoja. Miembro del Ministerio del Interior de Cuba antes de incorporarse a la Guerrilla en Bolivia, había participado en la preparación de los primeros combatientes que integraron las guerrilla de Jorge Masetti en Salta.



Corre el mes de Febrero de 1996. Me encuentro en el pueblo de Vallegrande, Bolivia, lugar donde fueron enterrados los restos de los combatientes de la guerrilla comandada por el Che.

Llegue hasta Vallegrande para colaborar como voluntario en las tareas de búsqueda que quedaban por delante. Haber llegado para la época de carnavales me ayudo, ya que esta es una celebración a la cual los lugareños se entregan de cuerpo y alma, y alguien dispuesto a ayudar era bienvenido.

Tuve la suerte de colaborar con el equipo de Geofísicos Cubanos, para quienes no había ni carnavales, ni Domingos, ni descanso.

Uno de los lugares emblemáticos en Vallegrande es la lavandería donde se encuentra el piletón que sirvió para exhibir el cuerpo del Che.

Se encuentra en el fondo del Hospital Sr. de Malta.

Miles de visitantes han pasado por este lugar. Algunos han dejado flores, muchos otros han escrito en sus paredes distintas frases, promesas, dedicatorias.

Una vez allí y luego de sobreponerme al impacto inicial, casi de manera automática, me dirigí a una de las paredes y escribí: “Gracias a vos, a Inti, a todos...”

Con el tiempo esas palabras escritas fueron tomando forma, fueron tomando cuerpo, fueron haciéndose concepto hasta llegar a convertirse en este proyecto documental: “De sus queridas presencias...”


Luego de algunos años de investigación, de entrevistar a algunos de los principales protagonistas y de viajar por los distintos sitios donde se desarrollaron los hechos, estamos intentando plasmar en un documental, los momentos vividos por este conjunto de hombres, quienes se jugaron la vida por cumplir con el sueño de parir una sociedad mejor, más equitativa, más justa, más libre.

El sistema hegemónico de poder, divulga una imagen inofensiva del Che como un individuo aislado, ahistórico y romántico. Intenta además, cristalizarlo como objeto de consumo, con el adicional de invisibilizar al conjunto.

Sin pretender quitar al Che del eje narrativo e histórico que le cupo en su etapa Boliviana, cosa que además falsearía el papel central que tuvo en el desarrollo de los hechos, aquellos que estamos comprometidos en este proyecto, queremos mostrar también el palpitar, los sentimientos, los sueños y las contradicciones de los distintos protagonistas de estos sucesos.

Aquellos que acompañaron al Che en el intento de llevar a cabo ese gran sueño de liberación continental, han dejado no solo su testimonio de vida plasmado en su accionar, sino también en sus diarios llevados durante la guerra de guerrillas.

Es nuestro compromiso tratar de mostrar lo más fielmente posible parte de sus vivencias y su pensamiento.



Norberto Forgione



Investigación: Norberto Forgione

Colaboración en la investigación: Claudia Rabanaque

Preproducción: Claudia Rabanaque -Norberto Forgione

Colaboración en Preproducción: Juan Pablo Lepore.

Cámara : Claudio Remedi

Sonido: Gabriela Jaime

Post Producción: Gabriela Jaime - Claudio Remedi